miércoles, 8 de agosto de 2012



EUREKA “LO HE ENCONTRADO”
Es una famosa exclamación atribuida al matemático griego Arquímedes. La historia cuenta que esta palabra se pronunció al descubrir un el peso de un cuerpo.

Lucas 19:1-10

¿Quién encontró a quién? nos podemos preguntar en esta historia de Jesús y Zaqueo. Quiero que nos detengamos a ver los dos puntos de vista.
Comienza hablar este pasaje que Jesús entrando en Jericó, iba tranquilo por la ciudad. De repente un varón llamado Zaqueo era publicano y rico. Esto significaba que era cobrador de impuesto y traidor para su pueblo. En este personaje nos podemos identificar muchos. Esa parte en la que este hombre era cobrador de impuesto y traidor, nosotros a la verdad fuimos como Zaqueo. Traidores, robándole a Dios tiempos de refrigerios para nuestras vidas.

Zaqueo era un hombre de estatura pequeña (lo imagino calvo) jejeje esto le fue un poco difícil para acercarse a Jesús, tuvo que hacer un esfuerzo extra. En el verso 4 dice la palabra que subió rápidamente a un Árbol para verle, porque Jesús había de pasar por allí. Muchas veces nos enfocamos en las limitaciones que tenemos, ya sean físicas, intelectuales entre otras, pero nunca queremos ver el esfuerzo que tenemos que hacer para ver la bendición. En este caso, Jesús representaba la bendición de Zaqueo. A lo mejor llevaba años haciendo algo que no estaba en su corazón, o esperando a alguien que lo viera de manera diferente.

Cuando Jesús entró a la ciudad y vio a la multitud, dijo en su interior, acá no está toda la gente. Aquí falta alguien especial, y cuando miró hacia arriba, lo VIO, encontró a ese hombre que hizo un esfuerzo extra para ver su bendición. Date prisa, desciende fueron las palabras de Jesús, es necesario que pose yo en tu casa. Si has trabajado con un esfuerzo extra, no has mirado las limitaciones, sino que has corrido a subirte en el Árbol (a donde Dios nos quiere llevar) para ver tu bendición, cree que hoy el Mesías, Jesucristo te dirá, desciende porque hoy haré posaré en tu casa… Aleluya

“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (V8). No fue necesario que Jesús le dijera a Zaqueo que devolviera todo, o pagara aquellos que había hecho mal. Su arrepentimiento fue genuino. Él sabia los errores que había cometido, y el solo hecho de tener a Jesús de frente le bastó para hacer lo bueno.

Jesús le dijo que la salvación había llegado a su hogar, no por su obra, sino por gracia y por la fe que había tenido en Jesús.
Jesús vino a buscar lo que se había perdido. Si hoy has hecho lo malo (esto incluye fuera del propósito de Dios), cree en el arrepentimiento genuino. Porque la salvación llegará a tu hogar. Bendiciones…

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