jueves, 23 de agosto de 2012


NI UN CABELLO PERECERÁ!!!
Hechos 27:-44

Cotidianamente, todos tenemos Fe cuando todo está bien. Pero… ¿qué cuando llegan los momentos de prueba? He escuchado de personas Cristianas que cuando pasan por pruebas muy fuertes se les olvida por momento no tanto que son cristianas, sino de quien es Dios y qué puede hacer. Esto ¿tiene algo de malo? Bíblicamente no debería ser, puesto que tenemos que vivir con el sexto sentido de la Fe activado. Pero nuestra naturaleza carnal nos hace dudar muchas veces.

Pero si nuestra Fe la fundamentamos en la palabra (la biblia) se nos haría más sencillo obedecer. Pablo, un hombre que no solo se dedicó a expandir el evangelio, sino que padeció por el nombre de Jesucristo, es de ejemplo para nuestras vidas. Su convicción siempre se mantuvo en lo momentos de prueba de quien era y a quien le había creído. Esto si es glorioso!!!

Pablo junto con otras doscientas setenta y cinco personas eran trasladados a Roma. Pero no todo quedó allí. En medio de un gran naufragio producto de las tormentas, estaban pereciendo. Era tan fuerte que ya tenían 14 días de ayunas, sin comer nada, además de velar porque tenían que estar pendiente de lo que estaba sucediendo. Pero Pablo siempre marcó la diferencia en medio de cualquier situación (esto es lo que más me gusta). Si Pablo era uno de los prisioneros “tenía que estar deprimido” o algo por el estilo, pero no fue así.

En el verso 34 animó a todos que comiesen porque ni aun ninguno de sus cabellos iba a perecer. Luego de esto tomo pan, dio gracias a Dios y comió. Al ver todos esto, tuvieron mejor ánimo y comieron con él. Esto no tiene otro nombre que Fe. Saber que el que lo había escogido tenia cuidado no solo de él, sino de todos los que estaban embarcados. Hay mucho de este pasaje pero lo que mas me gustó de todo fue lo siguiente:

Pablo si hubiera mirado con ojos naturales, mínimo se hubiera echado a morir. Pero miró la situación con ojos espirituales y confió. Esto personalmente me deja una gran enseñanza. No poner la mirada en la tormenta, sino en lo que Dios todopoderoso puede hacer. Cuando ocurre algo malo, nos aterrorizamos, pero cuando nos detenemos y pensamos en lo que Dios es capaz de hacer, todo cambia.

Así como Pablo tuvo ánimo y dijo que ninguno de sus cabellos perecería, así nosotros declaremos que nuestros cabellos tampoco perecerán en medio de la tormenta. Aleluya…  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipense 4:7

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